CO-VID19 en el mundo empresarial: entre la incertidumbre y el teletrabajo

La alerta sanitaria generada a nivel mundial por el coronavirus (COVID-19) ha dado lugar a importantes incógnitas para las empresas desde todas las aristas de su actividad.

Los efectos de la pandemia de este virus son incipientes ya que la crisis está en desarrollo. Por esto, en nuestro país y en la región aún es difícil e incierto estimar el impacto que se generará en la actividad empresarial.

Si bien, algunas organizaciones debieron tener planes de contingencia y prevención, seguramente muy pocas o ninguna, pudo estar preparada para gestionar variables tan dinámicas y cambiantes como el COVID-19.

En este escenario, dadas las condiciones y lo impredecible de las mismas, las empresas deben estructurar sobre la marcha, una repuesta que les permita hacer frente a esta situación, pero especialmente enfocarse en primera instancia en la continuidad del negocio.

El desarrollo del plan de actuación de las organizaciones debe apuntar a reducir al mínimo el riesgo de que la actividad de negocio se vea interrumpida. Para esto, es imprescindible analizar detenidamente todos los escenarios concretos en los que cada empresa se ve involucrada en la crisis.

Así también, es trascendental mantener una comunicación fluida y efectiva con los stakeholders de la empresa, con la finalidad de cuidar y fortalecer las relaciones con los mismos en esta situación crítica.

En definitiva, en el marco de este panorama, durante el desarrollo de esta crisis y posterior a ella, las empresas se encuentran frente a un reto de grandes magnitudes, que pondrá a prueba todas sus capacidades de gestión y resiliencia ante la adversidad.

Uno de los factores que determinará el éxito o fracaso de las organizaciones, es la gestión de la fuerza laboral y la productividad, que estará medida de forma remota dentro de lo que conocemos como teletrabajo, la cual si bien es una temática emergente y aún en gestación, es el camino que la mayoría de empresas ha debido seguir, como una de las consecuencias de la pandemia del CO-VID19.

El teletrabajo en el mundo

De acuerdo a las estadísticas, el teletrabajo no es una práctica generalizada en el mundo, ya que su implementación varía entre el 2% y el 40% dependiendo del país. En 2017, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y Eurofound, publicaron un estudio denominado “Trabajar a toda hora, en cualquier lugar: Efectos sobre el mundo del trabajo”.

En este análisis, realizado en 10 países de la Unión Europea (UE), así como en Argentina, Brasil, EEUU, India y Japón, se estableció que si bien el teletrabajo ha aumentado en las últimas décadas, existen diferencias considerables entre los países.

La investigación también determinó que no necesariamente existe relación entre los indicadores de desarrollo en la economía con los índices de expansión del teletrabajo. Los países con más altos índices identificados en el estudio fueron Suecia con el  51% y EEUU con el 20%, mientras que en países como Alemania, Francia y el Reino Unido se determinaron porcentajes inferiores al 15%.

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Dentro de este escenario, es importante considerar que el teletrabajo puede darse de forma parcial o total. Según los reportes de MySammy, firma consultora en soluciones para el teletrabajo, el 20% del total de la población mundial teletrabaja, pero entre este porcentaje, el 84% de los teletrabajadores lo hace al menos una vez al mes, mientras que el 10% del mismo total, ejecuta sus tareas desde su hogar o el lugar de su elección diariamente.

Las cifras y datos de teletrabajo, aunque son relevantes podrían no darnos un claro panorama de la situación en Latinoamérica, pues en la mayoría de países en esta región la tendencia es claramente menos potente, e incluso no existen cifras oficiales al respecto.

No obstante, dadas las condiciones actuales y considerando que la mayoría de organizaciones adoptó el teletrabajo como un plan de contingencia ante la emergencia generada por el CO-VID19, es trascendental reflexionar en los puntos más relevantes en este ámbito, tanto desde la perspectiva de las empresas como de los teletrabajadores.

Para las empresas

Para la mayoría de empresas actualmente, el teletrabajo es la única manera de continuar con sus operaciones. Sin embargo, la implementación de esta medida, dada su relevancia, representa un gran desafío que debe ejecutarse de la mejor manera posible.

Entre uno los principales conflictos que los líderes de las empresas están enfrentando en este escenario, está el temor a perder el control directo sobre el teletrabajador o no estar en la capacidad de distinguir si un colaborador tiene dificultades o necesidad de una retroalimentación constructiva.

Este aspecto que nace de la falta de planificación, debe ser solventado por las empresas con una estrategia integral que tome en cuenta a las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) como un soporte esencial para la gestión de los equipos. Actualmente, en la red existen innumerables herramientas que permitirán a los líderes y su equipo mantenerse comunicados y avanzar en los proyectos de forma remota.

Además, esta es una oportunidad para las empresas, para reflexionar sobre qué tan consolidada está su cultura corporativa en su personal, y cómo ésta se manifiesta en la actuación de cada uno de los colaboradores. Ahora más que nunca, debe elevarse la moral y la lealtad de los equipos de trabajo para consolidar su productividad. Sin embargo, indudablemente, el progreso de esta tarea dependerá en gran medida de cómo se haya gestionado la cultura de la empresa, antes de la crisis.

De esta forma, todas estas variables que deben solventarse de forma paralela al desarrollo de los sucesos, una vez terminada la crisis, harán la diferencia entre las organizaciones del mercado.

Para los colaboradores

Desde el enfoque de los trabajadores, el teletrabajo ha sido percibido como una condición favorable para el equilibrio en el desarrollo laboral y personal, ya que reduce el tiempo y coste de movilización y alimentación en la oficina; aumenta la autonomía y la flexibilidad; y, por ende, aumenta la satisfacción del colaborador.

Aunque el teletrabajo haya sido instaurado en las últimas semanas como consecuencia de la propagación de un virus a nivel mundial, los colaboradores que actualmente están haciendo home office, se encuentran frente a los mismos beneficios antes mencionados.

El reto en este sentido, que de igual manera tiene su origen en la forma imprevista en la que los colaboradores empezaron a teletrabajar, es la capacidad de organización y auto regulación, es decir, hacerse cargo de la autonomía que implica el teletrabajo para cumplir con las funciones y responsabilidades asignadas.

Este aspecto, tal como sucede en el ámbito empresarial, debe ser solventado por los colaboradores sobre la marcha, con el apoyo siempre de su organización y bajo la dirección de un liderazgo innovador.

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En conclusión, lo imprevisible del coronavirus (COVID-19) dispuso la implementación emergente de un modelo de teletrabajo, en el que tanto empresas como colaboradores están en proceso de adaptación. Sin embargo, con el trabajo conjunto de las dos partes, los conflictos serán superados y se logrará el objetivo de dar continuidad al negocio y a la productividad con la finalidad de que ambas partes, sigan creciendo; las empresas manteniendo su competitividad, y los colaboradores como actores clave en este proceso, que además les permite seguir trabajando a pesar de las condiciones, y por ende, percibir su remuneración.

Lamentablemente el mejor momento

La pandemia del virus COVID-19 ha llegado y ha paralizado al mundo. La preocupación es latente en todos los sectores y ha provocado incluso algo de pánico en el mundo, acompañado de sistemas de salud colapsados, mercados desabastecidos, colegios cerrados, eventos postergados e incertidumbre laboral.

Estamos frente a un panorama fatal, nunca antes visto a estas escalas en las últimas décadas. Además, ya se habla de una incipiente pero evidente recesión económica.

No obstante, aunque parezca que se va a acabar el mundo, no pasará. El sol volverá a salir y la vida seguirá su curso. En algunos meses todo volverá a estar tranquilo pero habrá una diferencia primordial, y es que encontraremos cosas que habrán cambiado.

En el sector empresarial, habrán nacido nuevos negocios, otros se habrán fortalecido y otros habrán cambiado; el secreto está en ver la oportunidad dentro de la crisis (incluso donde el 90% de las empresas ven únicamente dificultades).

Por esto, es tiempo de reinventarse y buscar soluciones donde los problemas aparecen. Tanto las empresas como los equipos de trabajo y los colaboradores, estamos frente a una crisis, pero también frente a una oportunidad de mejorar nuestra gestión desde cada una de nuestras dirigencias, de plantear nuevas formas de trabajo y de demostrar que esta situación sacará lo mejor de cada uno de nosotros, porque lamentablemente, es el mejor momento para crecer.

Redactado por Cristina Peña Ledesma

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